Economía mexicana: optimismo y asteriscos

Fuente: El Economista

¿Nos fijamos en lo azul del cielo o en los nubarrones?

El FMI elevó el pronóstico de crecimiento para la economía mexicana en el 2021. Proyecta 5%, en vez del 4.3%, que preveía en enero.

Este ajuste al alza va en consonancia con todos los pronósticos publicados recientemente, hechos por el Banco de México, la Secretaría de Hacienda mexicana, el Instituto Internacional de Finanzas y Citibanamex, entre otros.

La revisión hacia arriba tiene como principal explicación la mejora de expectativas relacionadas con la economía de Estados Unidos.

Esta crecerá 6.4% según el FMI, gracias al programa de gasto público anunciado por Biden, el mayor desde los tiempos de Roosevelt.

México, junto con Canadá, será el principal beneficiado por este programa, fuera de Estados Unidos. Habrá más exportaciones, crecerán las remesas y, quizá, vengan más turistas.

Los signos de interrogación en torno a la recuperación del turismo están relacionados con la evolución de la pandemia.

México va lento en la aplicación de vacunas y necesita acelerar el ritmo para cumplir el primer requisito en el reto de subirse el tren de la recuperación.

Tal y como vamos, necesitaríamos 516 días para lograr un 70% de la población vacunada.

TResearch compara nuestros números con Estados Unidos, que necesitará 95 días y Chile, donde serían 93 días.

El reto de la vacunación es mundial y producirá una recuperación en varias velocidades, advierte la economista en jefe del FMI, Gita Gopinath.

Los países que tarden más en lograr la inmunidad “de rebaño” tendrán más dificultades para acceder a una nueva normalidad en la actividad económica.

No podrán vivir la recuperación plena de sectores tan relevantes como el turismo, la industria de los espectáculos y las actividades relacionadas con las convenciones o los servicios intensivos en contacto personal.

Situación de la economía mexicana

El éxito de la vacunación es condición necesaria pero no suficiente para la recuperación de México.

La atonía de la economía mexicana no empezó con la pandemia y no terminará cuando el bicho esté bajo control.

De los cuatro motores que deberían impulsar nuestro crecimiento, sólo está funcionando bien el motor de las exportaciones.

Los otros tres están muy débiles: el consumo privado, la inversión privada y la inversión pública.

Al respecto hay que decir que los programas sociales no son suficientes para reactivar el mercado interno y la inversión privada está en modo alerta, entre otras cosas por los cambios constantes de las reglas del juego. 

La inversión pública está acotada por la capacidad de gasto del Gobierno.

No ayuda al escaso margen de maniobra fiscal, la obsesión presidencial por concentrarse en grandes proyectos que tienen casi todo lo necesario para convertirse en Elefantes Blancos, este es el caso del Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucía.

En los próximos meses veremos a las firmas calificadoras tomar un papel protagónico.

¿Se mantendrá la calificación de Pemex y la del Gobierno Federal? En caso de que no sea así, entraremos en zona de turbulencias, por los altos niveles de endeudamiento de Pemex y el peso creciente de los compromisos financieros en el presupuesto del Gobierno.

Hasta aquí los escenarios económicos.

Las últimas líneas son para hablar de lo obvio: el riesgo político para la economía.

En 2021 tendremos las elecciones más grandes de nuestra historia y viviremos algo parecido a un referéndum sobre cómo queremos que sea la segunda mitad del sexenio.

Creceremos más de 5%, en medio de muchas complicaciones, ¿Nos fijamos en lo azul del cielo o en los nubarrones?

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